¿Quieres leer cuál fue el inicio histórico de la Gestalt? Te contaré algo aún más interesante: mis principios en la Terapia Gestalt, pues son los que conozco, los más importantes y los únicos de los que te puedo hablar, si quiero ser coherente con la Gestalt, un enfoque de la psicología que evita teorizar. Voy con ellos.
Una forma muy personal de estudiar psicología
Desde el principio de mi adolescencia me interesó estudiar psicología. De la terapia Gestalt lo más que había visto eran esos dibujitos en los que, según cómo los mires, puedes ver una mujer joven o una anciana, o la famosas dos caras que se convierten en una copa. Hasta ahí había llegado.


Sin embargo mis derroteros profesionales fueron por otro camino: estudié Magisterio, porque siempre pensé que con la educación se podían cambiar las cosas y porque nunca supe dónde estudiar psicología. En mi ciudad no la había y la economía familiar no me permitía ni plantearme irme a vivir fuera.
Ya por ese entonces cogía libros de bienestar y desarrollo personal como «La felicidad es una tarea interior» y muchos otros, y ni que decir tiene que las asignaturas de psicología eran las que más me llamaban la atención en la universidad.
Acabados mis estudios, me fui de cooperante a Honduras durante un año con un libro de Jorge Bucay en mi maleta: «Cartas para Claudia». No estoy seguro de quién me lo regaló, pero de alguna forma entendí que podía ser importante para mí.
Mi primer contacto con la terapia Gestalt
Ese fue mi primer acercamiento a la Gestalt, en un momento en que aún no sabía la enorme diferencia entre la psicología de la Gestalt y la terapia Gestalt, una terapia de la que Jorge Bucay era abanderado en toda latinoamérica y de la que no sabía nada más que las estupendas historias que leía en el libro.
Desde hacía tiempo había entendido que muchas cosas se pueden estudiar o se pueden aprender. Es decir, que no siempre hace falta tener un título para saber y utilizar un conocimiento. La psicología práctica es sin duda uno de esos campos.
Y por lo leído en ese libro, la terapia Gestalt, resultaba ser una forma muy práctica de vivir la vida, algo que por otro lado contrasta con lo que algunas personas dicen en internet de ella, donde hablaban de poco menos que de esoterismo, astrología y magia. En absoluto, ya desde ese momento comprendí que la Gestalt era algo completamente real y palpable, y curiosamente muy razonable y lógico si se ve más allá de la superficie.
«Estudiando psicología» en el país más pobre de América
Después de un año viviendo en uno de los países más pobres y más violentos de América, se me había hecho evidente dos realidades:
- La felicidad no depende del dinero: en el mismo pueblo había personas muy pobres, sonrientes, acogedoras y cercanas, de esas con las que da gusto estar (de hecho, yo a menudo me veía más infeliz que ellos) y otras personas insufribles que se quejaban de todo.
- Las personas que peor están a veces no están dispuestas a mover un dedo: recuerdo que hacíamos proyectos para construir baños (una ducha y un inodoro en cada casa) y a cambio de regalarles el coste de los materiales y la mano de obra, les pedíamos a los hondureños que fueran a tres clases de educación básica sobre salud, igualdad y organización comunitaria. Se trataba de enseñar a pescar, no de dar el pez. Sin embargo algunos decían que preferían seguir como estaban a ir a tres talleres formativos.
¿Qué le pasa al ser humano cuando se queja pero no hace nada? ¿Qué pasa para que pueda ser feliz sin tener lo más esencial?
El encuentro que desató todo
Las preguntas se iban acumulando. Tanta teoría y desarrollo, tanto racionalismo, tanta formación universitaria pero nadie me había explicado por qué el ser humano puede sufrir aunque no esté pasando dolor, y puede ser feliz aunque lo tenga.
A las pocas semanas de regresar de Honduras coincidí por casualidad con una terapeuta Gestalt, con la que tuve un encuentro muy especial, en media hora hizo saltar por los aires todo lo que había estudiado como seguro en el montón de asignaturas de psicología, en todos los libros que había leído y en todas las ideas que tenía sobre la vida.
Regresé a mi casa de ese encuentro con la sensación de haber recuperado una parte de mí que llevaba años tapada. Desde entonces inicié mi camino de investigación personal para descargarme de las emociones que llevaba cargadas a hombros desde hacía años, de las vivencias dolorosas del pasado que aún me limitaban (en el colegio me habían dado mucha cera) y de las costumbres, las creencias y la autoimagen que provenía tan solo de una ideología que aplastaba mi existencia como ser humano, como homo sapiens, interrumpiéndome de forma constante y tóxica.
¿Qué nos ocurre a los seres humanos? Que estamos ciegos ante nuestra propia vida, como el monito que se pone las manos en los ojos. Preferimos «pensar» sobre ella, programarla y recordarla que experimentarla. Optamos por lamentarnos por ella antes que actuar. Aún no sabemos lo que es vivir, y seguimos buscando apoyo por todas partes o padecer en voz alta por nuestra mala suerte antes que desatar nuestras esposas, cuya llave nos hemos tragado nosotros mismos.
Es como las series de televisión que últimamente insisten una y otra vez en que «creemos recuerdos» para el futuro. ¿Se puede malvivir de forma más neurótica?
Los principios de la Gestalt en Valladolid
Estos son los principios que llevaron en 2009 a la creación de nuestro Instituto, un espacio para aprovechar la sabiduría práctica de la Gestalt para ayudaros a tomar las riendas de vuestra vida.



¿Peleas con tus hermanos?